El grito de batalla: Sola Scriptura – Miguel Núñez

El comienzo de la transformación de gran parte de las naciones en el siglo XVI, fue de la mano de la Reforma impulsada por Martín Lutero. A través de sus 95 tesis, Lutero respondió a las herejías propagadas por la Iglesia de Roma, tales como la venta de indulgencias como medio de perdón de pecados y la adoración de reliquias como amortiguador de la condena en el purgatorio.

Lutero entendió a la luz de la palabra, que la justificación por la sola fe es el artículo en el cual la Iglesia se sostiene o se cae. La esencia de la Reforma tiene que ver con el entendimiento de la doctrina de la justificación por la fe. Esto, basado en la autoridad única y final de la Biblia.

Lutero explicó que tradiciones, concilios, confesiones de fe, no nos obligan, a menos que coincidan con la Palabra de Dios, ya que solamente la Palabra de Dios puede atar la consciencia de forma universal. Lo que le dio forma a la reforma fue Sola Scriptura, llamado el principio formal de la Reforma. Ésta no era la única autoridad, pero sí la máxima autoridad: Inerrante, Infalible, Autoritativa, Suficiente.

Lutero entendía que Dios le ha dado a la Iglesia pastores y maestros, pero estos deben enseñar lo que la Palabra ha mandado para su propio crecimiento. Esto significa que la Sola Scriptura no invalida la autoridad de los maestros, sino que los pone debajo de la Palabra. La palabra nos sirve como norma para normar, a la que debemos someternos en todo aspecto de la vida.

¿Qué es el principio de la Sola Scriptura?

En 2ª Ti. 3:16, leemos que toda la Escritura es inspirada, literalmente exhalada por Dios. Es esa exhalación de la Palabra lo que hace que la Biblia esté por sobre toda autoridad humana. Obviamente lo que sale de Dios, debe tener sus mismas características. Por ello la Biblia es para nosotros la máxima autoridad, porque así es su fuente. Dios no yerra ni miente y no hay nada que esté por sobre su consejo.

También en el Salmo 119:160, se afirma que “La suma de tu palabra es verdad”. Es una verdad, una sola verdad, un cuerpo único de verdad revelada. No es que sólo una porción es verdad, sino que de tapa a tapa, es LA verdad. La iglesia necesita toda su palabra, no una dieta selectiva, sino todo su consejo. Este es el principio al que la iglesia debe volver.

Y si esta palabra salió de Dios, el quitarle, añadirle y/o contradecirla es rebelión. La Biblia cierra con una advertencia severa contra quien lo hace. “Nadie debe atreverse a editar a Dios” indica A. W. Tozer. También somos exhortados a no torcer sus palabras, ya que, como señaló Martin Lloyd Jones, todos los problemas del mundo y de la Iglesia se deben a la desviación de la Palabra de Dios.

En 2 P. 1:20-21 encontramos tres puntos esenciales sobre la Palabra de Dios:

  1. Éstas tienen un sólo sentido, que es dado por El Espíritu Santo. La Escritura tiene múltiples aplicaciones, pero un solo significado. No olvidemos que la Biblia posee reglas de interpretación que se encuentran en la herencia de los apóstoles, la iglesia primitiva y la historia de la iglesia. Implica no alejarse de lo que la Iglesia de Dios ha creído durante XX siglos, por lo que si vemos que se está interpretando algo que nunca se había oído en la historia, debemos preocuparnos.
  2. Viene de Dios: El hombre no decidió escribir estas palabras, sino que Dios por su propia voluntad, se las entregó, con el deseo de revelarse a nosotros, por su solo Amor y Misericordia.
  3. Los autores bíblicos hablaron con la autoridad de Dios mismo: esto quiere decir que los hombres son meros transmisores de la Palabra. No olvidemos que todo escritor inspirado habló de parte de Dios y delante de Dios. Creer que la biblia es falible es dudar del carácter mismo de quien la escribió, su misma esencia.

Vemos que en la iglesia de hoy está cayendo nuevamente en la oscuridad en que cayó la Iglesia Romana a finales de la Edad Media, ya que ha dejado de considerar la autoridad de la Escritura y acepta interpretaciones, mandamientos de hombres, sueños y revelaciones privadas en el mismo nivel que la Biblia. A esto Dios ya respondió por medio del profeta Isaías: “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Is. 8:20).

SOLA SCRIPTURA DEBE CONVERTIRSE EN EL GRITO DE BATALLA DE LA IGLESIA LATINOAMERICANA.

Si la justificación por fe fue el principio material de la reforma, la Sola Scriptura debe ser el nuestro hoy en día. No olvidemos que el cielo y la tierra pasarán, pero Su palabra no pasará.

Día 1 – 2016

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