Sola Fe – Salvador Gómez

Romanos 1:16-17 nos permite relacionar la fe como instrumento de la salvación y la justicia de Dios. Esta justicia de Dios viene a estar a nuestra cuenta por medio de la fe. Hay, por tanto, una relación íntima entre la fe como método de la salvación y la salvación misma. La Sola Gracia nos permite entender que la salvación es un regalo y la fe nos permite apropiarnos de ese regalo.

A pesar de que sabemos que el que salva es el Señor Jesucristo, sí sabemos que hay una fe que conlleva salvación, pero esta tiene ciertas características determinadas. No es cualquier fe, pues hasta los demonios tienen fe. La Biblia no habla del amor salvador, pero sí de una fe salvadora. No podemos separar la fe y la salvación.

Sin la fe permanecemos en muerte. Generalmente se propone como antónimo de la fe a la incredulidad, pero también vemos que el orgullo es opuesto a la fe, porque el orgulloso cree que merece o puede lograr acceder al Padre. Tener fe, por tanto, es dejar de confiar en nosotros mismos. No podemos hacer las dos cosas. El proverbio dice “No seas sabio en tu propia opinión” (Pr. 3:7), pues la confianza en uno mismo y en nuestra propia inteligencia lleva a la perdición.

Hay tres respuestas del hombre natural ante el Evangelio: algunos dicen que no hay salvación, que no hay posibilidad de acceder al Cielo. Otros detienen con injusticia la verdad, negando que existe un juicio y una condenación futura de la que hay que salvarse; y otros, los más, reconocen que es cierto que son pecadores, pero que no son tan malos y que por su vida más o menos moral, podrán acceder al Cielo a pesar de sus propios pecados, teniendo aún confianza en sí mismos.

Es necesario preguntarnos, sin embargo, por qué necesitamos ser salvados, ser justificados por Cristo. Según las Escrituras, es porque todos hemos caído en Adán. Debemos entender que esto significa que no sólo somos responsables por nuestro propio pecado, sino que hemos heredado la culpabilidad de nuestro representante: Adán. En el pecado de Adán, entró el pecado al mundo y la única salida es Jesucristo, su vida y su obra de justicia. Pero primero debemos poner nuestra fe en Él. Todo esto resulta una locura para el hombre natural, pero es el único y verdadero método de salvación.

No obstante, para creer necesitamos primero convicción de pecado y no solo de pecados particulares, sino que de una naturaleza pecaminosa que nos habría fallado peor que Adán en el Edén y que habría causado que fuéramos los primeros en crucificar a Cristo si hubiésemos estado frente a Él. Debemos llevar nuestro caso ante Dios y aceptar su remedio.

Cuando hablamos de sola fe no decimos que la fe es lo que salva, sino que la fe en Jesucristo salva. Esta fe no solo conoce de Jesús, sino que se lanza hacia Él, lo abraza. Y así, la cuenta de todos nuestros pecados queda en cero solo por medio de la fe en la justicia de Dios. Pero también, en Hechos 26:18 se nos dice que por la fe recibimos no solo el perdón de pecados, sino que una herencia futura y en Juan 1:12 nos habla de nuestra inclusión en la familia de Dios. Esta enseñanza nos debe mover a mirarnos y asegurarnos de que realmente hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús.

Día 3 – 2016

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